Jordano Mackenzie
Quiero aclarar mis verdaderas intenciones con Ariadna. Hasta ahora, no tengo ni idea de por qué le ofrezco mi ayuda, y menos aún después de la queja que su familia presentó contra él. Aun así, le permito quedarse en mi mansión y a su hermana pequeña en mi piso de soltero.
Puse los ojos en blanco. Lo único que quiero, curiosamente, es protegerla. ¿En qué momento llegué a esta situación?
—Puedes ducharte aquí, Ariadna—, digo, señalando la puerta de mi dormitorio. Jadea, da un par de pasos hacia adelante y niega con la cabeza.
—Señor Mackenzie, realmente no hace falta,— su rostro palidece. Me siento incómodo, quizá la estoy acosando con mi presencia. Y yo... Solo quiero que se sienta bien.
—Ariadna, no te preocupes. Me voy, te dejaré en paz para que hagas lo que necesites. Es mi habitación, pero siéntete como en casa, ¿vale?
Se gira y me mira directamente a los ojos. Sus ojos claros me intimidan.
—Muchas gracias, y disculpad que invada vuestro espacio.— No sé cuándo pa