No hubo estrategia, ni precaución. Solo una imprudencia que me produjo un escalofrío en la columna. Si Ariadna estaba dentro, lo más probable era que la usaran como escudo humano. La sola idea me hacía temblar. Mis manos se cerraron con fuerza sobre el borde de mi chaqueta y mis piernas amenazaron con fallar en cualquier momento.
Cerré los ojos por un segundo, respirando hondo, tratando de recuperar algo de control. No podía permitirme flaquear ahora. Miré a Ferney, quien avanzaba con determina