EPILOGO
Definitivamente no voy a ir, pero me siento aliviado por ella porque ninguno de los dos estaba destinado a estar con el otro.

Otra cosa que me deja más tranquilo es que Margaret se había ido del país. Dejó de insistirme, pero su partida fue una huida: había estado robando dinero de todos los proyectos de vivienda en los que participaba. Así que parecía que todo estaba volviendo a su lugar. Así debían ser las cosas: fluidas.

Ariadna aprieta mi mano con fuerza mientras el dolor se intensifica. Ver
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