Días después
Ariadna Thompson
Ahí está él, sentado frente a mí, con el rostro marcado por el cansancio y la falta de sueño. Desde que me trajeron al hospital después del secuestro, como siempre, Jordano no se ha apartado de mi lado ni un solo minuto. Es un gran hombre y, después de todo lo que ha pasado, no lo cambiaría a él ni a su amor incondicional por nada.
—¡Psst, oye! Despierta —digo, y Jordano se agita en la silla.
—Oye, cariño, ¿estás despierta?
—Sí, mi amor, estoy despierta. He dormido