Narrador
En una casa alejada de la ciudad, donde María se escondía con William, el ambiente era denso, cargado de tensión. Cada minuto se volvía más insoportable para ella, como si el destino le estuviera exigiendo el pago de todas sus deudas pasadas, condenándola a pagar por su historia.
—¡María! ¡María! —rugió William, con voz ronca, acostumbrado a ser obedecido—. ¡Maldita sea, mujer! ¿Dónde demonios estás?
María salió de la cocina sosteniendo una bandeja de comida. Una sonrisa falsa adornaba