Jordano Mackenzie
—Ferney, espera... ¿ese es el coche de Mark?
Ferney frenó en seco a unos metros de la urbanización cerrada. Desde allí, pudimos verlo subiendo apresuradamente a su vehículo. Con un gesto impaciente, saludó a alguien con la mano. Seguí su mirada y la vi: Adela, caminando lentamente mientras se sostenía el vientre con una mueca de malestar.
—¡Maldita sea, espera! —gritó Adela desde la distancia—. ¿No ves que no puedo caminar bien?
Mark respondió con otro gesto, esta vez más irri