Ariadna Thompson
Sigo destrozado, y mi hermana, Evangeline, también. El dolor de perder a nuestra pequeña Susan no es algo que pueda desaparecer de la noche a la mañana. Durante un tiempo, realmente creí que sobreviviría. Pero ahora, me encuentro atado a un contrato con el CEO, un compromiso que debo cumplir.
Me arreglo el pelo y me pongo el mejor vestido que tengo. Esta mañana no iré como su asistente, sino como jefe del departamento comercial de su empresa. Por suerte, nadie me reconoce en la oficina, lo que facilita que me establezca en este nuevo puesto.
Al salir de mi habitación, Evangeline ya me está esperando en el salón. Va vestida de negro, con el pelo recogido y un pequeño bolso en la mano. Cuando la miro, veo que sus ojos siguen hinchados. Me acerqué y la abrazo con fuerza.
—Mi amor, todo va a salir bien, te lo prometo.—
—Gracias, hermana. No sé cómo sería mi vida sin ti. Te adoro—, dice mientras la abrazo con fuerza, presionándola contra mi pecho.
—Te adoro más. Vamos, no