Ariadna Thompson
A la una de la tarde, mi cita ya me está esperando en el pasillo. Cuando me ve, levanta una ceja en un gesto coqueto, dejando que su mirada recorra mi cuerpo de arriba abajo.
—Me gusta la idea de que seas mi novia, aunque sea solo una mentira. Estás espectacular, mi querida Ariadna—, dice Jordano, haciéndome sonrojar.
—Gracias por hacer esto por mí.—
—Realmente no deberías. Le das demasiada importancia, pero bueno, es tu decisión.—
En ese momento, las puertas del ascensor se abren y entramos al mismo tiempo. Mientras se acercan detrás de nosotros, sellándonos en un espacio reducido, siento cómo la tensión se intensifica. El silencio entre nosotros se vuelve incómodo, y suplico en silencio que el ascensor llegue más rápido a la primera planta.
—Ariadna...—
—Dime, Jordan.—
—Solo lo haremos una vez, pero necesito que dejes de darle tanta importancia. Eres una mujer preciosa y no deberías estar persiguiendo a ningún tío tonto, ¿entendido?—
Sus palabras me sorprenden y de