La primera noche en la mansión de Maximiliano fue una tortura. El insomnio se apoderó de mí, alimentado por la extravagancia del lugar, el silencio opresivo y, sobre todo, el peso del contrato matrimonial que había firmado. Cada pensamiento sobre él me erizaba la piel.
No lo conocía. Solo lo había visto un par de veces, y sin embargo, impulsada por el deseo de venganza contra mi ex, estaba a punto de enredarme en una locura. ¿Quién era Maximiliano en realidad? ¿Un empresario respetable o un psi