Punto de vista de Maximiliano
Después del gran golpe que le dimos a Samantha , las cosas parecían que iban en calma, tenía absolutamente a todos mis hombres trabajando, se movían de un lado a otro para que los cargamentos de mi mercancía no se perdieran por el camino, y comenzamos a ejecutar rutas más fuertes para que Samantha y sus secuaces no nos cogieran con las manos atadas.
Así fue pasando un mes, y de ella, solamente sabía a través de sus propias llamadas, en donde seguía jurándome una