La maldad verdadera no tiene limites

Punto de Vista Maximiliano

Mientras hablaba con Madison escuché unos fuertes ruidos en la puerta de la habitación y unos gritos espantosos.

Apague el micrófono de la llamada y de un sobresalto me anticipe a ver qué era lo que estaba sucediendo. Abrí la puerta y estaban dos de los hombres de Samantha torturando a Romeo, el pobre estaba tan golpeado y magullado, que no se le veía ninguna facción de su rostro, lo tenía todo cubierto de sangre, sentí escalofríos al verlo, y una inmensa tristeza.
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