El trayecto comenzó en silencio. Un silencio distinto. No incómodo, pero sí cargado de algo difícil de definir. Sebastian conducía con una mano firme sobre el volante, mientras la otra descansaba relajadamente cerca de la palanca de cambios. El interior del vehículo era elegante, sobrio, impregnado con un leve aroma masculino que resultaba imposible ignorar.
Renata iba sentada en el asiento del copiloto. Su mirada estaba fija en la ventana. Observaba la ciudad como si fuera la primera vez que