El vapor aún flotaba suavemente en el aire del baño. Renata salió envuelta en una toalla ligera, con el cabello húmedo cayendo sobre sus hombros. El agua caliente había relajado un poco su cuerpo, y por primera vez en días, sentía que podía respirar sin que el pecho le doliera tanto.
Habían sido cuarenta y ocho horas infernales.
Demasiadas decisiones.
Demasiado dolor.
Demasiado peso sobre sus hombros.
Estaba envuelta en un juego cruel del destino, pero a final de aquel túnel lleno de espina