El viento marino continuaba soplando suavemente sobre la costa, las olas avanzaban y retrocedían una y otra vez, arrastrando espuma blanca sobre la arena húmeda Renata seguía arrodillada junto a Sebastian. Intentando pensar cómo llevarlo de regreso a la mansión. Porque era evidente que el hombre estaba demasiado ebrio para caminar por sí mismo.
—De verdad eres imposible. — murmuró ella.
Sebastian la observó durante unos segundos. Sus ojos verdes estaban nublados por el alcohol. Pero incluso as