La primera sensación que tuvo Sebastian Vegetti fue dolor. Un dolor terrible. Como si alguien hubiera decidido utilizar su cabeza como un tambor durante toda la noche. Frunció el ceño. Intentó abrir los ojos. Inmediatamente se arrepintió. La luz que entraba por las ventanas parecía querer perforarle el cerebro.
—Maldita sea —murmuró. Entonces volvió a cerrar los ojos. Durante varios segundos permaneció inmóvil. Intentando recordar qué demonios había ocurrido. Recordaba el mar. Recordaba una bot