La mañana siguiente llegó sin ruido, sin prisa, sin anuncio, simplementelegó y con ella el inicio de algo irreversible. Renata estaba frente al espejo. En silencio, observándose a si misma. El vestido beige caía con elegancia sobre su figura, sencillo pero cuidadosamente elegido. No llamativo, pero sí significativo. Era un tono suave. Discreto. Como si intentara no llamar la atención. Pero inevitablemente lo hacía. Su cabello estaba recogido con delicadeza.
Su rostro, ligeramente pálido, sus