A través de las ventanas del hospital, la luz dorada del sol entraba dando la sensación de calidez absoluta. Los pasillos permanecían tranquilos. Algunas enfermeras caminaban de un lado a otro mientras el sonido lejano de los monitores médicos se mezclaba con el silencio característico del lugar.
Renata permanecía sentada junto a la cama de su madre.
Por primera vez en mucho tiempo, la angustia que había acompañado cada una de sus visitas parecía haberse disipado.
Su madre estaba bien.
Aque