La mañana avanzaba con el ritmo habitual del bufete. Secretarias caminando por los pasillos. Asistentes entrando y saliendo de las oficinas. Llamadas telefónicas. Documentos. Reuniones.
El constante movimiento que caracterizaba a una de las firmas más prestigiosas del país. Sin embargo, aquella mañana una visita inesperada llamó la atención de más de una persona.
Porque la mujer que acababa de cruzar las puertas del edificio poseía una presencia imposible de ignorar.
Hana era elegante.
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