El amanecer llegó acompañado por una suave luz dorada que comenzó a filtrarse a través de los enormes ventanales del penthouse. La ciudad despertaba lentamente. Los primeros rayos del sol acariciaban los edificios mientras el cielo se teñía de tonos cálidos. Por primera vez en mucho tiempo, Renata había pasado una noche relativamente buena, y ella se sentía tranquila.
Sin embargo, aquella paz exterior no lograba alcanzar completamente su corazón. Porque existían heridas que todavía estaban cic