El aire en la habitación aún estaba cargado, denso, vivo. Como si aquel beso hubiera dejado una huella invisible en cada rincón, en cada respiración.
Renata no se movió de inmediato.
Sus labios aún conservaban el calor de los de Sebastian, y su mente… seguía tratando de procesar lo que acababa de suceder. Sebastian, en cambio, la observaba con esa calma imperturbable que tanto la descolocaba. Como si nada hubiera pasado. Como si besarla de esa forma… fuera lo más natural del mundo.
—No tienes q