La noche en la clínica parecía más fría de lo habitual. No era solo el aire acondicionado que se deslizaba por los pasillos blancos, ni el silencio interrumpido por el sonido lejano de monitores médicos. Era una frialdad distinta, más profunda… una que se filtraba en los huesos y se quedaba allí, como un presagio.
Renata apoyó suavemente la mano sobre el picaporte de la habitación.
Dentro, Sebastian dormía.
Su respiración era tranquila, estable, como si el accidente no hubiera sido más que un p