El mundo parecía haberse reducido a ese momento. A esa distancia mínima entre ambos. A ese silencio cargado de tensión.
Renata dudó. Su mente decía que no.
Que debía apartarse. Que debía mantener la distancia. Pero su cuerpo mo respondía igual. Su respiración era irregular. Sus manos temblaban y sus ojos no podían apartarse de los de él. Sebastian no la apresuró. Solo la miró. Esperando. Como un depredador paciente. Seguro de que su presa… tarde o temprano… cedería.
—Solo un beso, Renata… —murm