Sebastian Vegetti jamás había conocido el miedo.
Había conocido la traición.
La ambición.
La guerra empresarial.
Las amenazas.
Incluso había conocido el odio.
Pero el miedo...
Nunca.
Hasta aquel instante.
—Hubo un accidente.
Las palabras de Adrian cayeron sobre la oficina como una sentencia.
Durante un segundo nadie se movió.
Nadie respiró.
El tiempo pareció detenerse.
Sebastian permaneció inmóvil detrás de su escritorio.
Sus ojos verdes se clavaron en el rostro de Adrian.
—¿Qué acabas de decir