La Villa Vegetti se alzaba majestuosa bajo un cielo cubierto por densas nubes grises que parecían anunciar una tormenta inminente. A pesar de la elegancia de su arquitectura y de los impecables jardines que la rodeaban, el lugar transmitía una extraña sensación de abandono, como si los muros de piedra hubieran acumulado durante décadas demasiados secretos para seguir sosteniendo la apariencia de un hogar. El vehículo donde viajaban Renata, Adrián, el comisario, el inspector y dos investigadores