La puerta de la habitación se cerró con un leve clic detrás de Renata. El sonido fue casi imperceptible, pero en aquel espacio silencioso pareció resonar más de lo normal. Durante unos segundos, ella se quedó inmóvil, con la espalda apoyada contra la puerta, como si necesitara ese instante para recomponerse.
El encuentro con Antonio aún ardía en su pecho. Las palabras… las miradas… el desprecio. Todo seguía allí. Pero no podía permitirse derrumbarse.
No ahora.
No aquí.
Respiró hondo.
Una vez.
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