La luz del amanecer entró lentamente por las cortinas, era suave, cálida, implacable. Renata frunció ligeramente el ceño. Su cuerpo se removió entre las sábanas, pesado, demasiado pesado.
Su cabeza… latía. Un leve dolor punzante detrás de las sienes.
—Mmm —Murmuró la mujer. Sus pestañas temblaron antes de abrirse.. Parpadeó una vez, dos. El techo blanco.
La habitación amplia y entonces todo volvio. Fragmentos. El mar. Las luces. La fogata. La risa.
—“Eres un dios griego…”
Los ojos de Rena