Despues del bochornoso momento que paso Renata, el esayuno fue silencioso.
Demasiado silencioso quizás. Renata no levantó la mirada de su taza de café.
El aroma era suave, agradable. Pero no lograba calmar el torbellino dentro de ella. Cada vez que intentaba alzar los ojos recordaba.
La playa.
El sauna.
Sus palabras.
—“Dios griego…”
Renata apretó ligeramente los labios.
Sus mejillas se encendieron otra vez.
—Concéntrate —Se dijo en silencio. Pero no podía. Porque frente a ella. Estaba él.
Sebas