El ambiente en la oficina de Renata estaba cargado de un silencio denso. No era el silencio tranquilo de la concentración, sino uno incómodo, tenso… como si algo invisible se hubiera instalado entre las paredes.
Renata sostenía un expediente entre sus manos, pero no estaba leyendo. Sus ojos recorrían las mismas líneas una y otra vez sin comprenderlas realmente.
—¿Algo más, licenciada? —preguntó Alicia con cautela desde el otro lado del escritorio.
Renata levantó apenas la mirada.
—No. Eso e