La mañana llegó vestida de lujo, no era un día cualquiera, la ciudad entera parecía respirar un aire distinto, cargado de expectativa, de curiosidad, de ese morbo elegante que acompaña a los eventos donde el poder y el dinero se exhiben sin pudor. La boda de Antonio Vegetti y Claudia Mendoza no era solo una ceremonia. Era un espectáculo. Uno diseñado para ser visto. Comentado, envidiado, los jardines donde se llevaría a cabo estaban cubiertos por una decoración impecable.
Arcos de flores blanca