CAPÍTULO 39
Jaxson
El sabor de sus labios todavía estaba impregnado en los míos, una mezcla de sal por sus lágrimas y esa dulzura prohibida que sólo Bianca poseía. La miré, con el pecho subiendo y bajando con violencia, tratando de procesar que la mujer que había tenido bajo llave, la misma que me había desafiado horas antes, ahora me rodeaba el cuello con una confianza que no merecía.
— Tres hombres, Bianca —susurré, y mi propia voz me sonó extraña, rota por una vulnerabilidad que me esforzaba