CAPÍTULO 37
Jaxson
No podía estar cerca de ella sin querer romper algo o sin querer caer de rodillas; y ninguna de las dos opciones era aceptable para un hombre como yo.
Necesitaba ruido. Necesitaba el olor a tabaco caro, el tintineo metálico de las fichas de cristal y la frialdad de los números. Necesitaba volver a ser el dueño del imperio, no el carcelero enamorado de su prisionera.
— Marcus, prepara el coche —gruñí por el intercomunicador—. Nos vamos a Obsidiana.
No esperé respuesta. Salí de