CAPÍTULO 125
Bianca Sterling
El olor a madera vieja, humedad y salitre del muelle sur impregnaba el ambiente del Viejo Faro, un pequeño restaurante italiano que llevaba meses cerrado por la quiebra de sus dueños. Las mesas de comedor permanecían cubiertas con sábanas blancas que parecían mortajas bajo la tenue luz grisácea que se colaba por los ventanales sucios. Afuera, el graznido de las gaviotas y el golpeteo sordo del mar contra los pilotes del astillero eran los únicos testigos de mi traic