Bianca Sterling
El murmullo del océano Atlántico rompiendo con suavidad sobre la orilla de la costa sur era la melodía más hermosa que jamás había escuchado. El sol de la tarde caía con un calor templado, tiñendo el cielo de un degradado perfecto entre el rosa pastel y el violeta, reflejándose en las aguas mansas como un espejo de oro líquido. Me encontraba sentada en una hamaca de lino blanco suspendida entre dos palmeras, vestida con un solero de hilo ligero que se mecía con la brisa marina.