CAPÍTULO 135
Jaxson
A mis espaldas, el silencio de la oficina era absoluto, roto únicamente por el sordo y rítmico zumbido del aire acondicionado. Miré mi reflejo en el cristal. El esmoquin negro me encajaba a la perfección, desprovisto de la rigidez de los vendajes que durante semanas me habían recordado el precio de mi coma. Estaba totalmente recuperado, fuerte, con la vitalidad del Alfa restablecida en su máxima potencia, pero el fuego que me quemaba las entrañas ya no era el de la paranoia