Después de conversar un poco más con Rodrigo, Marina sale de la sala con la mirada aterrorizada. Camina hasta su mesa y el peso de las palabras que oyó todavía resuenan en su mente. Sus pasos son lentos, y el corazón late acelerado.
Empieza a organizar sus cosas, sabiendo que debe dirigirse al «piso del diablo», como ya comenzaba a pensar.
Katrina aún no había llegado, y Marina siente un peso en la conciencia al pensar que, en el primer día en que habían tenido una conversación amistosa, ya es