Después de hablar con su madre por un tiempo, Marina se da una ducha relajante y se acuesta en la cama. Aunque su estómago se queja de hambre, el cansancio la domina y prefiere no salir de la habitación para evitar encontrarse con Víctor, especialmente después de la extraña conversación que tuvieron más temprano. El reloj marca casi las nueve de la noche, y el sueño comienza a apoderarse de su cuerpo. Sin embargo, cuando está a punto de quedarse dormida, un ruido fuerte y repentino en la puerta