Cuando Daniel entra en la sala, es recibido por su novia, que lo envuelve en un abrazo cálido, acompañándolo con una sonrisa radiante. Su entusiasmo es evidente, dejando claro lo feliz que está de verlo allí. Poco después, Amelie toma su mano, tirando de él suavemente hacia dentro, como si quisiera guiarlo con confianza.
Daniel corresponde al gesto, entrando en la sala con una sonrisa tranquila, pero su expresión se desvanece al cruzar la mirada severa de su futuro suegro. El semblante serio de