Ella camina apresurada por el pasillo hacia la UCI, con el corazón acelerado. Al entrar en la sala, sus ojos se llenan de lágrimas al ver a Víctor en la cama, con los ojos entreabiertos, como si intentara enfocar algo. Él la ve acercarse y una leve sonrisa se forma en sus labios.
—Rubia… —susurra, con la voz ronca pero tierna.
Sosteniendo su mano con delicadeza, Marina siente que la conexión entre ellos vuelve con una intensidad inexplicable.
—Estoy aquí, amor. Siempre lo estuve… —dice ella, tr