Después de un fin de semana maravilloso con Marina, Víctor tuvo que despedirse de ella y volver a la realidad de su vida. Había llegado a casa de madrugada y consiguió dormir un poco. A la mañana siguiente, antes de ir al trabajo, decidió desayunar con su madre.
Sentándose a la mesa, ajusta la corbata distraídamente mientras observa que Joana irradia una energía poco habitual.
— Buenos días, querido — dice ella, con una sonrisa cálida en el rostro mientras saborea un cuenco de frutas frescas.
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