En el hospital donde su suegra está internada, Daniela está recostada con la cabeza apoyada en la esquina de la pared. Tiene los ojos cerrados, intentando contener el llanto después de escuchar todo lo que su hija acaba de contarle. Cada detalle que Marina le confió fue como un cuchillo que la perforaba lentamente, desgarrándole el alma poco a poco.
— Mamá… — Marina se levanta y se acerca por detrás. — Te dije que sería sincera contigo.
— Lo sé — responde Daniela, con la voz temblorosa. — Jamás