Es una mañana soleada de viernes, y Marina está frente al espejo, ajustando los últimos detalles de su ropa. Aunque está agotada por la rutina de los últimos días, hay una tranquilidad segura en sus movimientos. Desde que llegó a la ciudad para quedarse con su abuela, ella, sus padres y un primo se han turnado para asegurarse de que la anciana nunca esté sola en el hospital. El abuelo, a pesar de su esfuerzo por ayudar, es un hombre de edad avanzada y no puede pasar mucho tiempo fuera de casa,