Es viernes por la noche y, tras una larga ducha, Víctor camina por el pasillo hacia el comedor, con una extraña sensación de calma. En su mente solo está Marina y los planes para un fin de semana perfecto. No puede esperar a estar con ella, y ese pensamiento le calienta el corazón. Sin embargo, al pasar frente al despacho de su padre, nota la puerta entreabierta. Algo no le cuadra, pero decide ignorarlo. Entonces, la voz grave y autoritaria de Xavier lo detiene.
— Víctor, por favor, ven aquí —