Sophie se miró al espejo con el ceño fruncido mientras se aplicaba su sérum nocturno con movimientos meticulosos.
Tenía la piel perfecta, el pijama más caro del hotel y aún así… se sentía derrotada.
—¿Qué diablos le pasa a Ethan? —masculló mientras se perfumaba el cuello y el escote con esmero.
No podía entenderlo. Desde que Ava se convirtió en la madre subrogada de su bebé, Ethan ya no era el mismo.
¿Cómo era posible que defendiera a una simple empleada delante de todos? ¡Delante de ella!
“