El estruendo de la cachetada aún vibraba en el aire cuando Ava, con el rostro ladeado y la piel ardiendo, clavó los ojos en su hermano.
Más que el dolor físico, sentía cómo una herida invisible se abría dentro de ella. El ardor no estaba en su mejilla, sino en el pecho, allí donde la decepción dejaba una marca más cruel.
—¿Estás loco? —bramó Ethan, reaccionando con furia. Se lanzó hacia Steven y le dio un puñetazo directo a la mandíbula.
El impacto hizo que Steven trastabillara y cayera de es