Gabriel, al recibir la llamada de que su padre está hospitalizado debido a una recaída, solo se levantó y miró a la chica que está sentado con él. Sus ojos la miran con dolor y agonía.
— Lo siento, tengo que irme — dijo él caminando buscando la salida—. Mi padre está en la clínica, otra vez.
Y sin esperar, corrió rápidamente hacia su auto, desesperado por la salud por la única persona que le quedó a su lado. Su rostro se tornó pálido y su respiración es entrecortada. Él aún no está preparado pa