Después de la cena Gabriel llegó a su apartamento con la cara bastante relajada. Tenía tiempo que no sentía esa paz y tranquilidad dentro de sí mismo. Con calma se quitó la chaqueta y la arrojó en una de las sillas cercanas y fue directo al minibar donde se sirvió el vaso con un líquido ámbar. Luego lo miró fijamente y pensó en la cara de esa mujer y sonrió de medio lado.
—Muy pronto la voy a sacar de la empresa – dijo reflexivo. Los pensamientos de él estaban en cada una de las curvas de la mu