Son más de las ocho de la noche, una noche que había iniciado con tantas promesas buenas y ahora la impertinencia de su pequeña hermana causó un terrible desenlace en la familia.
— ¡Celia, ayúdame! — gritó la joven al ver a su hermana paralizada.
— ¡No! ¡Tú lo mataste! — las palabras de Celia estaban cargadas de horror y salió corriendo— ¡Tú lo mataste!
Karen comprendió que el vínculo de hermandad están más que rotos e irreparables.
—¡Déjala! — la voz de Ricardo sonó en un tono muy bajo—. Perdón