Una hoja mecida por el viento es semejante a Karen que no podía controlar el temblor que tenían su cuerpo. Aún no salía de la sorpresa de haber cambiado de oficina y de jefe.
—¡Esto está mal! — dijo al llegar a la oficina – estoy segura qué ese hombre me va a hacer la guerra, de eso lo tengo bien seguro.
Un hombre regordete salió detrás de uno de los archivadores cuando la sintió llegar y sonriendo se le acercó.
—Hola, niña — dijo el hombre amable — ¿qué haces aquí?
Karen dejó salir el aire de