Naomi.
Me puse delante de mi hijo para cuidarlo, no iba a permitir que le tocaran un solo pelo.
Antes de que Malena se fuera, yo agarré mi arma y la escondí en el bolsillo trasero de mi pantalón.
—Quítate —ordenó el hombre, furioso.
Sus cejas estaban inclinadas y un solo empujón con su gruesa mano bastó para tirarme al suelo. Sentí que mi cuerpo se estremeció por dentro al chocar con la cuna de mi hijo.
—¡Mami! —Rowan corrió hacia mí, pero fue demasiado tarde.
El beta sacó una especie de