Naomi.
Al día siguiente, me encontraba con Malena en el patio. El discurso de Silas había dado frutos, porque varios de la manada se acercaban a mí para pedirme más información con esa chispa de curiosidad en sus ojos.
—Ahora somos famosas por aquí —rio ella.
—Bueno, si el padre de Silas todavía estuviera, ese no sería el caso… —murmuré, negando con la cabeza.
—No lo conocí, pero por lo que me dicen, era un tipo aterrador.
—No sabes cuánto. La primera vez que lo vi, pensé que me iba a mat